Café por favor

Siempre me gustó la vista desde un café. Esa interminable vida que sucede afuera, autos que pasan, mujeres que caminan apuradas, la vida que toma su espacio y su tiempo. Y yo que todo se me detiene en el café.
Café con crema por favor, el café para despertarme, la crema para darle consistencia. Como si el café pudiera despertarme de este sueño eterno y la crema darle forma a aquello que se perdió hace ya demasiado tiempo.
Mi abuela tenía la costumbre de decirme que todo puede ser curado con una bebida caliente, sopa, café, mate, té, curan los peores resfríos, los corazones más rotos y los cerebros más cansados. Por años creí que era cierto y hoy, hoy ya no sé.
No sé si yo he nacido vieja o demasiado tarde, o tal vez demasiado pronto. Siento que la vida que transcurre por fuera de este café, a paso apresurado ha quedado muy por fuera de mi. Ha quedado lejos, vamos a destiempo. Ella por un lado, yo perdida por otro.
No logro ni engancharle el paso a mi propia vida, sin embargo aquí sigo, pidiéndome un café, mirándola por la ventana, esperando cruzarme con sus pasos, entender su tiempo, hacerme de su ritmo, y vivirla, o vivir con ella al mismo tiempo, con el mismo reloj.

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