Vos

“¿Cuál es tu mayor miedo?”

La pregunta resonaba en su cabeza como la alarma del reloj al amanecer.

“¿Cuál es tu mayor miedo?”

No entendía el sentido de esa pregunta. ¿cómo contestar algo que ni uno mismo se ha sentado a reflexionar? No es fácil saber cual es el peor de todos.
“¿Cuál es tu mayor miedo?”

Podían haber pasado horas, días, semanas o tal vez simplemente segundos pero ella seguía repitiendo la pregunta en su cabeza, como si de alguna forma eso la ayudara a responderla.
“¿Cuál es tu mayor miedo?”

No todos los miedos tienen monstruos u oscuridad, pensó de repente. No todo se trata sobre criaturas mitológicas. “No creo en eso”se dijo a si misma.
“¿Cuál es tu mayor miedo?”

Tampoco le tenía miedo a los muertos. Los muertos, muertos y enterrados están. No hay nada que de miedo ahí, no hay más nada que ver.
“¿Cuál es tu mayor miedo?”

Ni miedo a la muerte. Esperaba morirse durmiendo, para morir de una forma pacifica y recibir el abrazo de la muerte con total calma.
“¿Cuál es tu mayor miedo?”

Si hay gente que le tiene miedo a los vivos, no era ella uno de ellos. ¿Para qué tenerle miedo a los vivos? Los vivos son sólo uno más, al igual que uno.
“¿Cuál es tu mayor miedo?”

Existe el miedo a lo desconocido. Pero más que un miedo es una ansia. Ansias de saber que no conozco y querer conocerlo. No, no podía definir eso como un miedo.
“¿Cuál es tu mayor miedo?”

¿Y si no tenía miedos? ¿Y si en toda su vida se había encargado tanto de ser ella misma que había perdido la capacidad de sentir miedo? ¿Y qué sería de una vida sin miedo? Entonces no disfrutaría al máximo de su vida, porque no tendría nada que temer, y eso si era terrible.
Miro a los ojos que le hicieron la pregunta. Profundos y sabios. La miraban de vuelta con total expectativa. Con calma. Esos ojos la miraban perforándole el alma. Como si supieran exactamente qué se escondía bajo la piel. Como si viviera una y todos los recuerdos de su piel. Como si supiera cada uno de sus secretos. Esos incluso que ella misma se había olvidado que tenía. Cada comentario incorrecto, cada pena, cada vergüenza y cada dolor. En esos ojos se veía reflejada toda su miseria, todos sus errores, todo lo que se había empeñado en ocultar.
“Mi mayor miedo son tus ojos”

Él se quedo expectante, como sino entendiera esa respuesta. Ella trago saliva y le explicó: “Mi mayor miedo son tus ojos, por qué ven más de mí misma de lo que yo nunca me atrevería a ver”.

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