La casa de los abuelos

En la casa de mis abuelos hay siempre mucha luz. Se mete por un ventanal enorme que está en el living, donde siempre comemos mis primos, mis hermanos y yo.
También hay fotos por todos lados, fotos nuestras, de ellos cuando eran jóvenes, fotos de parientes que ni conozco.
Siempre hay olor a comida, la abuela se la pasa cocinando de todo, lo que me gusta a mí y a Ramiro, pero también a Marta y Euge. Ella distingue y siempre se acuerda que a Euge y a mí nos gustan las berenjenas pero a Marta y Rami no.
Cada vez que vamos a almorzar está prendida la tele y charlamos sobre los acontecimientos recientes. El abuelo toma la sopa y comenta muy de vez en cuando, pero la abuela no para de hablar. También va y viene todo el tiempo a la cocina y come parada, a pesar de que le digamos que se siente, que no nos falta nada.
Cuando termina el almuerzo no nos deja lavar nada, para ese momento ya llegó mamá de trabajar y la abuela dice que dejemos los platos así a la tarde se entretiene con eso, yo no entiendo cómo puede entretenerse lavando los platos, pero no discuto y me subo al auto.
El abuelo hace pan de todo tipo, con semillas, de distintas harinas y los reparte por todo el barrio. Los vecinos lo aman. También les corta el pasto cuando hace calor, sólo para entretenerse. También hace trucos de magia con monedas que son siempre los mismos, pero cada vez dan más risa.

Lo que no entiendo es cuando cambió todo eso.

Ahora en la casa del abuelo casi nunca hay luz, les molesta. Ya no vamos a almorzar porque la abuela está cansada, y ya no hay olor a comida todo el tiempo, hay olor a madera y humedad.
La mesa del living que siempre estaba en el medio con todas las sillas ahora está contra una pared y ni siquiera sé a donde fueron a parar tantas sillas, o si de chica me parecían más de las que eran.
Las fotos se destiñeron por culpa del sol y en algunas incluso sólo quedó la sombra del retrato.
El abuelo duerme todo el día, casi no se despierta y si habla es para quejarse de los dolores que tiene. La abuela está siempre cansada y ya no tiene esa risa pícara de siempre, contesta con medias sonrisas simples y agotadas.
Mamá se jubiló hace unos años y va todas las tardes con mi tía, a charlar, a tomar mate, a hacerle masajes al abuelo cuando se queja. Yo cuando voy, me siento en una esquina a observarlas y pienso cuanto puede cambiar algo que es lo mismo.

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