Adult-Era

Mientras el ruido del mar colma mis oídos una idea se hace presente en mi mente de la misma forma que un ladrón entra a una casa: furtivamente. El pensamiento me lleva atrás muchos años, en un escenario distinto, en el silencio del campo recuerdo a mis papás decirme shh disfruta el silencio, cuando yo aburrida me quejaba de que no había nada que hacer ahí. Todavía recuerdo el fastidio que esta frase me generaba. Años después, sentada sobre una piedra, disfrutando del silencio que tiene una playa fuera de temporada me doy cuenta que me he convertido en la peor clase de ser humano posible: soy un adulto.
Y lo peor, soy esa clase de adulto que lamentablemente se parece a sus progenitores.
Me he escapado del ruido de la ciudad, ruidos que siempre ame, para acercarme a la calma que sólo puede dar un paisaje desértico. El sol se ríe de mí reciente descubrimiento con la misma risa irónica de un amigo que ya había visto el cambio en vos, pero que tu cerebro no quería admitir, entraste en esa etapa de la vida donde los retazos de la adolescencia con su eterna locura y desfachatez hoy te provocan muecas de disgusto. De repente dos feliz con la calma que promueve un mar abandonado y un libro que sólo a vos te interesa leer. Atrás bien atrás quedaron los gritos desesperados por acallar al silencio en busca de compañía así fuera del peor tipo. Te convertiste en esa persona que disfruta de un café en soledad porque la frase “mejor solo que mal acompañado” se te grabo en el fondo del cerebelo tras incontables experiencias.
La vida, zorra como es, te hace buscar aquello que siempre criticaste como aburrido: calma. Te pide a gritos que busques ese espacio de reflexión sin el cual tu vida de adulto convencional no puede seguir, y vos te embarcas en esa búsqueda sin pensar en las consecuencias de lo que tú recientemente descubierta adultez trae a tu vida.
Entonces frente a ese mar y recordando escenas pasadas de tu vida te planteas la posibilidad de que dos eras completamente distintas puedan convivir en el mismo terreno. Qué puedas a la vez ser un chico en la vida de un adulto, qué disfrutes tanto los restos de calma y silencio como el bochinche que trae la compañía. Te preguntas si es posible volar y quedarse en el mismo lugar, avanzar estando quieto, amar a otro sin perder el amor por tu soledad.
Sin respuesta te sumergis en el mar helado para bautizar tu nueva era de adultez.

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