El amor es un perro del infierno

Hay un libro sobre mi mesa de luz. Un poemario de Charles Bukowski que me mira torcido todas las noches. Son en aquellas que el insomnio se apodera de mi, que los pensamientos fluyen como un río desbocado, que lo abro y lo leo con más detenimiento.

“Dame una mujer realmente viva, esta noche
caminando a través de la sala hacia mi
y puedes tener todos los poemas.
Los buenos,
los malos,
o cualquiera que pueda escribir
después de este”

¿Qué no daríamos a cambio del amor? Del real, de aquel que eriza la piel y nubla los sentidos. Tal vez Bukowski era un inconformista, de esos que no aprecia el amor cuando lo tiene pero lo anhela cuando no. Tal vez también lo soy yo. Tal vez así somos todos.

¿Pero no es esa la gracia de ser humano? La inconformidad. ¿Acaso no es ese mismo sentimiento el que nos ha llevado a las mejores revoluciones sociales? ¿El que nos lleva a replantearnos todo? ¿O es simplemente un mecanismo que no nos deja disfrutar nada?

Tal vez Bukowski nunca fue del todo feliz, pero, ¿Cómo saberlo? ¿Cómo juzgarlo? Cuándo nada dura, y hasta el más sutil de los sentimientos termina por desvanecerse entre humo de cigarrillos e incontables copas de vino.

“Otra cama
Otra mujer,
más cortinas
otro baño
otra cocina,
otros ojos,
otro pelo
otros pies y dedos.
Todos están esperando
la búsqueda eterna”.

Tal vez eso sea el amor, seguir buscando creyendo que aparecerá.-

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