Spoiler alert

Me desperté sintiendo como la cabeza se me partía al medio. Me sentía incapaz de mover un musculo, él no se había dado cuenta que me había despertado todavía. Por eso cuando lo vi levantar mi tanga del piso y olerla, pensó que yo no me iba a enterar de su perversión, pero el pelotudo no se dio cuenta que prendiendo la luz me iba a despertar.
Siempre tuve la capacidad de despertarme en silencio e inmóvil. Por eso mis viejos nunca se dieron cuenta que escuche cada una de las veces que discutían bajito, ni mis amigas en los pijama party cuando me sacaban el cuero, ni mis parejas cuando hablaban con otra, todos pensaron que dormía pero yo estaba bien despierta.
No me gusto cómo lo hizo. No me jodía que oliera mi ropa interior, era el cómo lo había hecho. Por atrás, pensando que dormía y con una inhalación profunda y ruidosa. Parecía un psicópata, de esos que huelen el pelo a sus víctimas, pero él olía la tanga de la piba que se había cogido hace unas horas.
Pensé “así es como me muero”, asesinada por un mal garche. Tiene sentido si lo pensás. Cuando sos adolescente idealizas bocha, idealizas el mundo, el ser adulto, el poder laburar, tener plata, mudarte, salir, garchar sin prejuicio y no sé por qué pero cuándo nos imaginamos todas esas cosas son increíbles. Te imaginas siendo la tipa más exitosa del mundo, no millonaria, pero con una linda cuenta bancaria, un buen depto, buenos amigues, cagándote de risa en bares y, sobre todo, te imaginas cogiendo mejor que en cualquier película.
Spoiler alert: la realidad es bastante diferente. Mientras vos idealizas garchando contra una ventana en lencería de encaje, acabando con un orgasmo que te rompe los tímpanos, cuándo llega ese momento se te clava el marco de la ventana lo cual es bastante doloroso y encima, los tipos cogen mal.
“Ellos cogen mal y el insultó es para nosotras” dice Malena Pichot en un Stand Up. Todos se ríen, me imagino en su cerebro: “jajaja, a mí igual eso no me pasa, yo sé coger”. Ilusos.
Lo siento volver a la habitación, con los ojos cerrados puedo escuchar sus pasos arrastrados. No siento miedo, si así tengo que morir, está bien. Tal vez me hubiese gustado haber acabado, pero seamos sinceras, ¿cuáles eran las posibilidades que el asesino también sea buen cogedor? ¿Cuál es el punto de no querer morir? La vida tampoco era todo lo que me prometieron, así que es solamente un estado más, vivir o morir, acabar o no acabar, conformarse es sobrevivir también.
Siento el peso de su cuerpo sobre el colchón, su respiración en mi nuca, sus manos en mi cintura. No sé cómo, se da cuenta que estoy despierta porque me pregunta “¿Querés agua?”
Le digo que no.
y nos volvemos a dormir.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s