Forajidos

Me pregunté esa noche, como me preguntaría muchas noches después de esa, si había tomado la decisión correcta.
El cigarrillo me quemaba sobre la punta de los dedos, así que decidí darle otra pitada antes de tirarlo.
De fondo sonaba música clásica, lo cual para alguien que había crecido cantando Chayanne a todo pulmón, parecía un despropósito.
Algo así como ver un zapato 35 en un pie 40. La mona se viste de seda, y todo eso. Pero lo miraba a lo lejos, y algo en mí se despertaba.
Quería que me entrará el maldito zapato. A pesar que la noche terminará como siempre, que el zapato me entraba sólo por un rato, que por más que bailará ese vals (o lo que fuese) con algo de gracia, me iba a despertar al día siguiente siendo la misma mona que era antes de esto.
Él iba a seguir casado, feliz, tomando vino en sus cenas, riéndose de chistes que ni en mis mejores sueños entendía. Riéndose de mí, probablemente.
El amor no es para todos pensé. Es cómo la música clásica, goza de un status envidiable, recomendado por y para todos, pero unos privilegiados lo disfrutan realmente. El resto nos limitamos a fumar en el balcón de un hotel, pretendiendo que entendemos los acordes que le desgarran a esas melodías antiguas.
Me sonrío a la distancia, e hizo un gesto como que me esperaba. Odiaba que fumara. Casi poético, compartir con la forajida ese mundo que le era extraño pretendiendo que fuera otra, una que no fumaba, que no puteaba, que no se quejaba.
Volví a preguntarme si debía irme o quedarme, pensé que ‘ya estaba en el baile, y mejor era bailar’. Las palabras ‘deber’ y ‘decisión’ rondaron mucho en mi cabeza esa noche, como si fueran ellas las que bailaban en vez de nosotros, como si estuvieran materializadas ahí al lado, burlándose de mi vestido de segunda y mi muy poca gracia en la pista de baile.
Me imaginé que salía de mi cuerpo una dignidad virgen que me impulsaba a irme de ahí, que mientras me subía a un auto conocía otro forajido, un pobre que había sufrido en los brazos del desengaño, y que el amor se convertía en una canción popular que hablaba de convertirse en torero.
Pero no lo hice, me quede en el medio de la pista mientras él se iba.
Parte de ser un forajido es nunca formar parte, pensé. Salí y paré un auto, viaje hasta mi casa sin encontrarme ni con un gato amistoso en la noche.

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